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Las Crónicas de Marc

Galatasaray: 0 - FC Barcelona: 1 (19/03/2002)
Luis Enrique .

Y al fin sonó la flauta. Y lo tenía que hacer precisamente en Turquía. Y es que como si de un cuento de las Mil y una Noches se tratara, el Barça de esta noche jugó al fin un partido serio, consciente de lo que se jugaba y mostrando una frialdad admirable, vista la trascendencia del partido que hoy, no sólo Rexach sino todo el equipo, se jugaba en Estambul. Ya os digo, como si fuera un cuento. Y es que tras una primera parte justita, en la que como siempre el equipo entregó el balón al contrario, y nos mostró un Barça deshubicado y claramente predispuesto a jugar al contraataque, aguantó las inocentes llegadas de un Galatasaray, que esta noche mostró las carencias de un equipo claramente en decadencia y que ni de lejos, es aquel equipo en el que jugaron Hagi, Jardel, Tafarel y Popescu. Overmars, más solo que la una delante, fue el jugador culé más destacado, a lo largo de una primera parte de contención y tanteo.

Pero en la segunda mitad, cambió radicalmente el decorado. Un Barça mucho más sólido y consciente de que el partido lo tenía controlado, se aventuró con un Overmars y un Rochemback, esta noche incansable e impecable, en busca de un gol que le diera la tranquilidad. Y la verdad es que se lo encontró sin buscar demasiado. Y es que Rochemback con uno de sus zambombazos a los que ya nos tiene acostumbrados, provocó un rechace del portero Mondragón, que Luis Enrique en el área pequeña aprovechó para marcar el primer y único gol del partido. Haciendo honor a la verdad, ese gol fue marcado en posición clara de fuera de juego. Pero como el arbitro holandés fue un "amigo" esta noche, ese gol subió sin problemas al marcador. Acto seguido y como un film de suspense, "San" Coco salvó con la cabeza un gol turco que se colaba de forma imparable una vez Bonano ya había sido superado. Después Bonano con una extraordinaria parada abortó unos minutos de leve angustía por parte de un Galatasaray, que repito no fue para nada aquel equipo luchador e incómodo que nos tenía acostumbrados desde hace años. Y es que un dato a destacar de esta mágica noche, es que el equipo turco después de cuatro años sin hacerlo, cayó derrotado en competición europea, en su "infernal" Ali Sami Yen. Dato para la história y que por lo tanto tiene su merito.

Destacar a un paternal Rexach que tras el pitido final del partido celebró el pase a cuartos con Saviola. Gran gesto hacia el pibito que saltó como un loco a abrazarse con sus compañeros que celebraban la clasificación. Por su parte el Liverpool goléo por 2 a 0 a una Roma que quedó eliminada y que puso en evidencia de forma cruel y cómica el debate de si Capello debe ser el próximo entrenador del FC Barcelona. Que irónias tiene el destino, ¿verdad?.

En definitiva y sin entrar para nada en triumfalismos completamente irreales y sin consistencia, este noche el Barça con su victoria consigue primero, un margen de credibilidad y confianza suficientes, pero asistida de urgencia y con oxígeno. Y segundo, que con el primer puesto conseguido y de cara a cuartos de final, en el sorteo a celebrarse en Nyon el próximo viernes nos tocara o el Bayern de Münich, el Oporto o el Panatinaikos, o el Arsenal o el Bayern Leverkusen. O sea, equipos alejados de la peligrosidad del Real Madrid, Deportivo de La Coruña -siempre y cuando acabe primero de grupo- y Manchester United. Detalle que nos hace soñar, sólo soñar, con la posibilidad de presentarnos en semifinales, y allí ver si otra flauta nos suena y como ya sucedió con aquel patético Real Madrid de la séptima, nos presentamos en Glasgow tras haber jugado un año desatroso. Y es que como el fútbol no es una ciencia exacta, esta clase de milagros entran dentro de la irracionalidad de un deporte que no es para nada lógico. Tal vez ahí radica su encanto.

Total, hoy el Barça en el final del trayecto del mítico tren Orient Express y a las puertas de Asia, consiguió un billete para no dejar en esa estación su viaje por la Champions League. En fin, ahora a esperar a Cuartos y a seguir sufriendo o mejor dicho, regando esa flor de Rexach que parece que nunca se le marchita.

Marc Pérez Fernández - socio 951 - Barcelona

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